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Madre texana en la Elección 2016: ‘Votar es amar’

rgvvotingessayphoto-feature750Nací en los Estados Unidos en Brownsville, Texas, en la frontera colindando con Matamoros, México, pero de hecho crecí en Matamoros, donde mi padre tenía su trabajo y mi mamá sus familiares.

En nuestra comunidad mexicana, ir a votar era como ir a misa; no siempre se comprendía todo, pero uno participaba fielmente.  Al igual que asistir a la iglesia, era algo que se hacía en familia.

Cuando yo era niña, me acostumbré a ir con mi papá y el resto de la familia cuando él asistía a votar.  Allá, en esos días, cuando uno votaba, marcaban el pulgar del elector con tinta. Era como ponernos la ceniza el Miércoles de Cenizas. Marca a la persona como algo especial.

Elección 2016 

He vivido en Brownsville desde mi adolescencia. Recuerdo que cuando cumplí los 18, una de las primeras cosas que hice fue registrarme para votar. Eso era lo que todos mis familiares hacían para ser considerados adultos responsables.  Yo he pasado esa tradición, la cultura de votar, a mis dos hijas: Silvia, quien ahora cuenta con 25 años de edad, y Sandra, de 22. Ambas son perfectas electoras.

En mi vecindario, después de 20 años de arduo trabajo, hemos logrado recrear esa misma cultura de participación cívica que mi familia mantiene.  Aun cuando vivimos en una de las comunidades más pobres de los Estados Unidos [nuestro ingreso per cápita es solamente $4,500 – menor que el de México], tenemos uno de los índices más altos de participación en nuestra zona específicamente.

Debido a ese historial, hemos logrado conseguir mejorías para nuestro vecindario: parques, calles pavimentadas, aceras y alumbrado públicos.

Éstas son las cosas que la mayoría de los habitantes estadounidenses dan por sentado, pero en comunidades como la nuestra, en la zona fronteriza entre México y los Estados Unidos, no todos disfrutamos de ellas ni tampoco esperamos estos beneficios de un buen gobierno.

Sé que mi familia y mi vecindario podrían ser considerados una excepción.  Ultimadamente, los electores hispanos en Texas, específicamente los electores hispanos del Valle de Río Grande, tienen un índice de participación muy bajo.

Como alguien que ha “predicado con el ejemplo” votando tantas veces, he escuchado todas las excusas habidas y por haber sobre el porqué la gente no vota.

A manera de ejemplo, la gente dice que su voto no importa.  Yo les señalo la cantidad de elecciones locales donde la victoria se obtuvo gracias a diez votos o menos.  Cuando me dicen, “¿Por qué importa un solo voto?” Yo respondo: “¡Pero usted es más que un solo voto! Usted traerá a su esposa, a sus hijos, nietos y amigos.  Ustedes son toda una tribu de personas”.

La gente habla de toda la corrupción que existe en nuestro estado y eso es cierto, pero mi argumento es que si no votamos estamos dando permiso para que se sigan haciendo maldades.

Realmente creo que la manera de deshacernos de la corrupción es la participación. El primer paso es el de participar y asistir a las urnas a votar.  Ese solamente es el primer paso, porque después de votar, ahí es donde realmente empezamos a poner atención a nuestros candidatos.

Posteriormente, uno asiste a las reuniones públicas, se entera sobre los temas de interés. A lo mejor hasta se postula para un cargo público.  Es un proceso, pero es nuestro proceso, el proceso estadounidense.

Principalmente, creo que la gente se siente abrumada por todos los problemas y es como que se han rendido.

Pero este año, yo he visto un cambio.  El lenguaje de estas campañas y el hecho de que somos inmigrantes ubicados en la frontera, significa que nos culpan por un sinfín de cosas.  Todo esto es tan injusto e incorrecto que yo pienso que la gente despertó.

Ya es hora.  Si mi comunidad se hubiese despertado hace años, a lo mejor Texas hubiese logrado la expansión de Medicaid y, por ende, miles de personas no hubiesen fallecido debido a la falta de cuidados médicos.  Esas personas todavía estarían entre nosotros.

Si mi comunidad hubiese participado un poco más políticamente, a lo mejor Texas tuviese algunas de las escuelas mejor financiadas en la nación en lugar de contar con algunas de las peores.

Y finalmente, los intentos de poner un alto a DAPA y a DACA (las acciones ejecutivas que el Presidente Barack Obama tomó en nombre de las familias inmigradas las cuales fueron impugnadas en varios estados) nunca hubiesen existido.

Millones de personas estarían en paz con sus familiares. Tal vez nunca hubiese existido ese problema, porque en este país hay muchos hispanos, y si optamos por hablar, nuestra voz tendrá un volumen muy alto.

Willie Velásquez, la hispana defensora del voto, expresó una maravillosa frase: “Tu voto es tu voz”; eso es cierto. Al ejercer el voto, estamos haciendo que nuestra voz sea escuchada.

Pero me gustaría añadir mi frase: “Votar es amar”.  Cuando me tomo la molestia de ser una electora informada, estoy mostrando el amor que siento por mi familia, mi comunidad y mi país. Cuando voto, se demuestra que estoy tomándome en serio a mí misma, a mi futuro y también a aquellos que amo.

Así que yo voto y voy con mis hijos, mis vecinos, los parroquianos de mi iglesia.  Me dirijo a las urnas, obtengo mi papeleta y voto. Al hacerlo, mi corazón rebosa porque amo a mi país.

Lupita Sánchez Martínez es una intercesora de base del  Proyecto Juan Diego, una organización comunitaria en Brownsville, Texas que se enfoca en el empoderamiento para que las familias de bajos ingresos estén saludables y que sean autosuficientes.  En la fotografía arriba, se le ve a ella (a la izquierda) en el Valle del Río Grande en Texas.  La fotografía es cortesía del Proyecto Juan Diego. 


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